El 28 de enero de 1986 es un día agrio para el mundo de la astronomía. 73 segundos después de haber iniciado su despegue, el transbordador espacial Challenger explotaba en pedazos, mientras millones de personas tenían fijada la vista y sus sueños en él.
Al parecer, la causa del accidente fue el mal funcionamiento de las juntas tóricas, las cuales ocasionaron las fugas que hicieron que se incendiase el combustible. Este accidente hizo que se replanteasen muchas cosas, tomando mucha más precauciones en los siguientes vuelos.
En el transbordador viajaba Christa McAuliffe, la primera miembro del proyecto Teacher in Space, el cual buscaba motivar a los estudiantes en el mundo de la ciencia. Desgraciadamente, se convirtió en un símbolo, siendo bautizadas muchas escuelas en Estados Unidos, Perú, México o Bolivia con su nombre.